Monday, May 18, 2015

EL Mono De Cuba (Paralouatta varonai) por Osvaldo Jiménez Vázquez



EL Mono De Cuba: Paralouatta varonai Rivero y Arredondo, 1991



Escrito por Osvaldo Jiménez Vázquez con fotografías cortesía de Julio Larramendi



El 23 de enero de 1986, en una recóndita caverna de la serranía de Galeras, en Viñales, provincia de Pinar del Río, se encontró la prueba definitiva de la existencia de monos endémicos de Cuba. Este hallazgo fue logrado por un grupo de jóvenes espeleólogos de los colectivos “Pedro A. Borrás”, gestor de la expedición, y Aguas Claras, invitado, ambos de la Sociedad Espeleológica de Cuba. Fueron ellos, Jesús Álvarez, quien dirigía la expedición, Rolando Crespo, Madelaine Aguiar, Alexander Brosal (grupo P. Borrás), Oscar Sánchez, Oscar Borell (†), Antonio Abad y Antonio González (†) (grupo Aguas Claras).

El día 23 llegan al arroyo Constantino, donde se abre la boca de la caverna homónima, y realizan exploraciones; solo Madelaine y Oscar quedan en el campamento. En algún momento, observan los alrededores y ven una pequeña boca a una altura de unos 3 m, a corta distancia del sumidero del arroyo Constantino. Más tarde, todos visitan la cueva, un pozo de 24 m de profundidad con paredes empapadas en agua, agarres difíciles y fondo de arcilla inundada de agua. Rolando mete las manos en el fondo, y el cráneo del mono es el primer hallazgo, luego huesos de perezosos fósiles (Megalocnus, Parocnus y Neocnus), un húmero de mono, una mandíbula de almiquí (Solenodon) y algún resto de jutía conga (Capromys pilorides). A partir de este descubrimiento, esta cavidad se nombra Cueva del Mono Fósil.


Figura 1: Craneo de Paralouatta varonai Rivero y Arredondo, 1991


Ya en la capital, llevan el cráneo al paleontólogo Oscar Arredondo, quien no podía  dar crédito a lo que veía, ante sus ojos estaba la ansiada prueba de monos endémicos en Cuba. Tal privilegio era importante, pues durante casi un siglo se había puesto en entredicho la existencia de primates en la isla, aunque restos de estos habían sido encontrados en Jamaica y La Española en 1952 y 1975.

En julio de 1990 se organiza una nueva expedición a la Sierra de Galeras, participando especialistas del Museo Americano de Historia Natural de New York, Museo Nacional de Historia Natural, Universidad de La Habana y miembros del grupo Pedro Borrás.

En los primeros días se reexplora infructuosamente la Cueva del Mono Fósil. El día 28 se dirigen las esperanzas a Cueva Alta, una pequeña cavidad situada dentro de la boca del sumidero del arroyo Constantino, a 14 m de la Cueva del Mono Fósil. Esta había aportado en abril del propio año 1990 un par de fragmentos de tibia y fémur y una falange de mono. Efrén Jaiméz, Divaldo Gutiérrez, Ross MacPhee y quien redacta estas líneas, escalamos hacia la alta cueva, dedicándonos a buscar en los mismos lugares explorados meses atrás, pero sin éxito. Insistí personalmente en la pesquisa, esta vez hacia el final de la única galería de la cueva, en la cual detecté una estrecha grieta ascendente, rellenada por sedimentos oscuros. Entre la tierra colecté un diente de perezoso y decidimos extraer en cubos la matriz sedimentaria y cernirla en el lugar. Pocos minutos después apareció el primer diente de mono, un premolar y Efrén exclamó entonces, dirigiéndose al Dr. Manuel Rivero de la Calle y a los que habían quedado abajo:

                  -¡Rivero, se encontró un diente de mono!
 
 


Figura 2: Cráneo incompleto de P. varonai



Se envía el diente abajo dentro de un cubo. Rivero devuelve el cubo conteniendo una botella de vino de arroz, para celebrar el feliz acontecimiento. Pasadas las primeras emociones, continuamos la excavación en la grieta, tocando a mi persona, por ser el más delgado del grupo, hacer el trabajo dentro de esta. Mientras iba extrayendo los sedimentos y avanzaba al interior de la grieta, el esfuerzo se hacía más agotador, pues estaba obligado a permanecer en posición horizontal entre paredes cada vez más estrechas, soportando, adicionalmente, el intenso calor típico de esa época del año. De cuando en cuando, me sacaban a tomar un respiro tirando de mis pies, pues los movimientos eran muy limitados. Sin embargo, gracias a Dios, aparecen más evidencias, hasta alcanzar el centenar. Al final de la jornada, están representados muchos de los huesos del esqueleto con cinco húmeros, un fémur, una tibia, 18 huesos de manos y pies, un fragmento frontal, dos maxilares sin dientes y 60 dientes sueltos, entre incisivos, premolares y molares. De otros animales se extrajeron unos 560 huesos, entre ellos restos de un búho extinguido, cocodrilos y perezosos, entre otros.

En la capital, Arredondo y Rivero estudian el cráneo del mono, arribando a la conclusión en 1991, que correspondía a una especie extinguida endémica de Cuba, a la cual denominan Paralouatta varonai. El nombre genérico, derivado de la semejanza con el cráneo de los Alouattas o monos aulladores que habitan las selvas de Sudamérica y América Central y son los primates vivientes más grandes y corpulentos del Nuevo Mundo. El nombre específico, en homenaje a Luis S. Varona, especialista Cubano en mamíferos.
 

Figura 3: Cráneo de P. varonai



Un año más tarde, en agosto de 1992, se produjo el hallazgo de una mandíbula incompleta y un hueso de la cintura del mono cubano, en otra galería de la Cueva del Mono Fósil. Esto permitió completar el esqueleto de Paralouatta. A partir de este momento, estudiosos cubanos y extranjeros sometieron el cráneo y los restantes huesos a rigurosos análisis, arrojando  luz sobre aspectos muy interesantes de la vida de Paralouatta varonai.

Por ejemplo, algunos caracteres anatómicos encontrados en el cráneo, entre ellos la inclinación del área facial hacia la caja craneana, la cual está relacionada con la posición de la cabeza y el agrandamiento del hueso hioides y la laringe, e indican que esta especie podía vocalizar de manera similar a los monos aulladores vivientes (Alouatta).
 
 
Figure 4: Mandíbula de P. varonai
 

El estudio de incisivos, premolares y molares superiores, reveló que Paralouatta se alimentaba básicamente de frutos, y en menor medida consumía hojas u otros recursos.

Se pudo conocer también que esta especie de Paralouatta tuvo en vida un peso de 9–10 kg, aunque no se pudo establecer la diferencia sexual. El peso lo define como un mono de tamaño mediano, aunque mucho mayor que sus parientes suramericanos vivientes, los monos tities (Callicebus), cuyo peso oscila entre 0.9 y 1.3 kg. 

Por esta razón, se puede considerar a Paralouatta varonai un gigante dentro del grupo de monos emparentados con él, los Callicebinos. El gigantismo es una de las tendencias evolucionarias extremas que se produce comúnmente en las islas ante la ausencia de depredadores (animales que comen otros animales) y competidores (animales que comen lo mismo).

El húmero de Paralouatta presenta características que sugieren que el mono cubano pudo tener hábitos semiterrestres, distinguiéndose de los demás monos americanos. Esto no significa que no subiera a los árboles, sino que pasaba mucho tiempo en el suelo, por ejemplo, los dedos de manos y pies eran cortos y robustos a diferencia de los monos antropoides arbóreos del Viejo y Nuevo Mundo, los cuales poseen dedos largos. También quedó claro que Paralouatta varonai jamás pudo desplazarse de rama en rama, suspendido de sus brazos, como hacen comúnmente los monos grandes del Nuevo Mundo, particularmente los monos arañas (Ateles).

Según los especialistas Ross MacPhee, I. Horovitz y colaboradores, el Mono de Varona no era pariente cercano de los monos aulladores (Alouatta), como habían pensado los autores de la especie, sino que estaba muy vinculado al mono de Cueva Berna (Antillothrix bernensis), una de las especies fósiles de La Española y estos dos, a su vez, al mono de Jamaica (Xenothrix macgregori).

En consecuencia, el grupo formado por estas tres especies antillanas desaparecidas, posee parientes que viven hoy en los bosques tropicales de Centro y Sudamérica. Son los pequeños y peludos monos tities (Callicebus), los cuales carecen de cola prensil, pulgar oponible en la mano y tienen garras en los dedos de los pies excepto los pulgares.
 

Figura 5: Mandíbula incompleta de Paralouatta varonai con que estos monos posiblemente se alimentaban de frutas y hojas.



Osvaldo Jiménez Vázquez es especialista en zooarqueología y paleontología de vertebrados, especialmente Cubanos y del Caribe. Ejerce su especialidad en el Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de la Habana, donde desempeña una tarea esencial en la restauración y las investigaciones arqueológicas del casco histórico de la Habana, tanto como en el resto de Cuba.

En Cuba ha participado con especialistas de otras naciones, especialmente resultado en significantes descubrimientos como el de los monos descritos aquí, mas con otros fósiles ún más antiguos del Mioceno. El es el descubridor del holotipo, el espécimen original, de Paralouatta marianae descrito por MacPhee et Iturralde-Vinent 1995 de esa localidad Miocénica.

Sus publicaciones son bien citadas y conocidas en el ámbito de la arqueología y paleontología cubana donde se destacan los siguientes artículos:

Brochu, A. and Osvaldo Jiménez Vázquez. 2014. Enigmatic crocodyliforms from the Early Miocene of Cuba. Journal of Vertebrate Paleontology, 34 (5): 1094-1101.

MacPhee, R. D. E., M. Iturralde-Vinent, and Osvaldo Jiménez Vázquez. 2007. Prehistoric sloth extinctions in Cuba: implications of a new “last” occurrence date. Caribbean Journal of Science, 43 (1): 94-98.

MacPhee, R. D. E., I. Horovitz, O. Arredondo, and Osvaldo Jimenez Vazquez. 1995. A new genus for the extinct Hispaniolan monkey Saimiri bernensis (Rimoli, 1977), with notes on its systematic position. American Museum Novitates, 3134: 21 pp.

Jiménez Vázquez, Osvaldo, M. M. Condis Fernández, y E. García Cancio. 2005. Vertebrados post-glaciales en un residuario fósil de Tyto alba scopoli (Aves: Tytonidae) en el occidente de Cuba. Revista Mexicana de Mastozoología, 9: 85-112.

Jiménez Vázquez, O. 2005. La Cueva del Infierno: Tafonomia de un sitio arqueológico de tradición mesolítica. Boletín del Gabinete de Arqueología 4.

Jimenez Vazquez, O, and J. Fernandez Milera. 2002. Canidos precolumbinos de las Antillas: mitos y verdades. Boletín del Gabinete de Arqueología, 2 (2): 78-87.

Jiménez Vázquez, O. 2001. Registro ornitológico en un residuario de dieta de aborígenes pre cerámicos cubanos. El Pitirre, 14 (3): 120-126.

Jiménez Vázquez, O. 1997. Seis nuevos registros de aves fósiles en Cuba. El Pitirre, 10(2): 49.

 
 

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